La designación de Diego Santilli como nuevo jefe de Gabinete en reemplazo de Manuel Adorni llega acompañada de un dato político relevante: según el Monitor de Opinión Pública (MOP) de Zentrix Consultora, el dirigente desembarca en la Jefatura con mejor imagen en el interior del país que en los dos distritos donde históricamente construyó su carrera —CABA y la provincia de Buenos Aires—, un diferencial territorial que el Gobierno ya interpreta como un activo para la nueva etapa.

El estudio de Zentrix muestra que Santilli registra 40,8% de imagen positiva en el interior, por encima del 36% que obtiene en CABA y del 36,2% en Buenos Aires. Aunque su imagen general continúa siendo negativa en el balance nacional (50,6%), el contraste con los números de Adorni —73,6% de imagen negativa— y la distribución territorial de su apoyo le otorgan un punto de partida más favorable.
Un perfil que tracciona fuera del AMBA
El informe revela que la figura de Santilli está fuertemente atravesada por la grieta política: entre votantes de La Libertad Avanza alcanza 80,5% de imagen positiva, mientras que entre los opositores la imagen negativa llega al 80,3%. Sin embargo, el dato que más llamó la atención es su mejor desempeño fuera del Área Metropolitana, donde el oficialismo busca ampliar su base de apoyo.

En el interior, Santilli es visto con mejores niveles de aprobación por sectores de mayor edad y niveles socioeconómicos medios y altos. En cambio, su imagen cae entre jóvenes y en los segmentos de menores ingresos, especialmente en el AMBA, donde la evaluación negativa supera el 60%.
Dos agendas diferenciadas
El estudio de Zentrix también identifica las preocupaciones que Santilli deberá administrar desde su nuevo rol. Entre los votantes oficialistas, las prioridades se ordenan en torno a la lógica de “herencia”: deudas (53,2%), corrupción (46,7%) e incertidumbre económica (35,5%). Es una agenda que mira tanto hacia atrás como hacia adelante y que le otorga cierto margen para presentar la gestión como un proceso en curso.
Entre los votantes opositores, en cambio, la urgencia es inmediata: incertidumbre económica (59,4%), ingresos y salario (52,6%) y corrupción (51,6%). Para este segmento, la evaluación de la gestión dependerá de señales concretas sobre el bolsillo y no de diagnósticos macroeconómicos.
El bolsillo, el punto de contacto
El informe muestra que la fragilidad del poder adquisitivo atraviesa a ambos electorados, aunque con intensidades distintas. Entre los oficialistas, el 52,5% llega como máximo al día 20 del mes; entre los opositores, esa cifra asciende al 73%. La capacidad de ahorro marca la brecha más profunda: 18,5% de los votantes oficialistas dice poder ahorrar, contra apenas 3,9% entre los opositores.

Este escenario económico condiciona el margen político del nuevo jefe de Gabinete, que deberá administrar demandas heterogéneas en un contexto de deterioro del ingreso real.






