“Perú está viviendo su propio 2001, la diferencia es que este 2001 peruano es más largo, viene desde el 2016” explica Facundo Cruz, politólogo y especialista en sistemas de votación.
La caída del entonces presidente electo Pedro Pablo Kucinsky fue el comienzo de lo que ahora se está consolidando como la crisis política e institucional más grave del Perú.
Como Pedro Castillo, PPK también había sido destituido del poder por un proceso de vacancia tras apenas 300 días de gobierno.
“Hay un desencanto con la política y hay enojo con la dirigencia, piden nuevas caras pero cuando llegan sin trayectoria política no consiguen el respaldo partidario” sintetiza Cruz cuando se le pregunta por desencadenantes de la crisis.
Cruz explicó también que el sistema de gobierno en Perú es unicameral, con 130 bancas que se reparten en las provincias y que esa misma Cámara debe – a diferencia de en Argentina – aprobarle a las presidencias los nombres de sus gabinetes. En ese recinto legislativo, se sucedieron los pedidos de vacancia de los últimos años en Perú: procesos que, mediante votos de los legisladores, dejan vacante la presidencia.
El miércoles pasado, cuando Castillo pronuncia su discurso, el proceso de vacancia se había activado pero los votos no estaban para su destitución. Lo que detonó la destitución fue el anuncio del ahora expresidente de terminar el mandato del Congreso y convocar a elecciones.
Ese anuncio, sumado a que Castillo tiene investigaciones por corrupción y tráficos de influencias, desató la seguidilla de sucesos que terminaron con su detención y aprisionamiento.
“Castillo es el único presidente que iba a tener tres intentos de vacancia. Pero él creía que tenía apoyo popular y de las fuerzas de Seguridad y quedó demostrado que estaba equivocado” dijo Cruz.
“Su muy débil estructura política sumada a su aislamiento total llevaron al final que ahora estamos viendo” agregó.
Sobre el escenario que se podría proyectar, Cruz vaticinó que las movilizaciones continuarán creciendo y entendió que son producto de sectores que sintieron que con Castillo habían alcanzado una cuota de poder que no habían tenido antes.
“Castillo era la cara del interior de Perú, del campesinado peruano de la desigualdad. Estos sectores desplazados sintieron que con Castillo tenían una cuota de influencia” sostuvo.






